

Imagina que un día llega a tu despacho un extraño paquete con una piedra en su interior.
Junto a ella una enigmática nota:
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"Aquí tienes una piedra. Es un obsequio muy básico, incluso despreciable.
Sin embargo, si la observas con atención te darás cuenta de que en sí misma es una obra de arte hecha por la naturaleza.
Una piedra es algo muy paradójico: están en todas partes, su composición es perfectamente conocida, sin embargo... costaría millones hacer algo similar, y nunca sería tan perfecta.
Ahora tienes una ahí en un entorno tan “inusual” como tu lugar de trabajo.
¿Qué vas a hacer con ella?
- La guardo en un cajón donde no estorbe.
- La puedo usar como pisapapeles. O como “adorno”.
- Me la puedo guardar para tirarsela a alguien (seguro que encuentro candidatos...).
--Lo mismo me la guardo como “amuleto” para inspirarme...
- ...
¿Piedras o Ideas? Desgraciadamente parecen tener ciertas similitudes y albergar un parecido destino. Están en tu organización, en cada área de la empresa y en cualquier nivel profesional. Muchas de ellas son creadas pero van a parar a un “cajón” donde son olvidadas.
Aún así encierran un valor inmenso. Todo gran proyecto se inicia con una primera idea, que a la vez no formaría el objetivo final sin otras muchas que la apoyen.
Las ideas, al igual que las piedras, hay que descubrirlas y saber apreciarlas. Creer en ellas, hacerlas crecer y convertirlas en


Dejando a un lado por un momento estos años de aguda crisis y paro que todavía sufriremos, y confiando en que servirán de enseñanza, convendremos en que la figura clave de la economía del siglo XXI es el denominado “trabajador del conocimiento” (knowledge worker). Se habla, sí, de la economía del conocimiento y la innovación, y ya Peter Drucker nos describió el emergente perfil de este trabajador experto, aprendedor permanente, tan leal a su profesión como a su empresa; un trabajador que llena de significado el concepto de capital humano.
A esta misma figura, otros autores denominan trabajador pensante o trabajador creativo (thinking worker, creative worker), porque en su trabajo aplican tanto lo que han aprendido, como las inferencias que de ello derivan y su propia creatividad; no se trata de pensar de más, pero sí lo necesario para asegurar el resultado. Efectivamente, hemos de rechazar la sinonimia que, en lo cotidiano, percibimos a veces entre el concepto de capital humano y el de recursos humanos, como también y tan bien distinguimos la emergente era del conocimiento de la era industrial en declive.
Parece oportuno recordar algunos movimientos que, en torno al capital humano, se impulsaron sensiblemente ya en los años 90: el del aprendizaje permanente, el de la gestión del conocimiento, el de la destreza informacional, el del empowerment, el de la inteligencia emocional, el del aprendizaje organizacional… y asimismo el del pensamiento crítico. En no pocas

